Archive for the ‘Notas’ category

Las tumbas vacías de Alberdi – Los Andes

noviembre 3, 2013

Nueva nota en Los Andes

alberdi

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Algo Habrán Hecho … ¿Seguro?

noviembre 1, 2011

Recientemente leí un artículo de historiografía en The Journal of Modern History, de la Universidad de Chicago, centrado en la figura del historiador Renzo De Felice y la influencia que este tuvo sobre la mentalidad italiana actual, con respecto a la figura de Benito Mussolini. En pocas, pero apasionantes páginas, Paul Corner expone como, mediante una abierta defensa del Duce a través en los medios de comunicación italianos, De Felice logró imponer su postura: Benito no era tan malo como Hitler, él no quería asesinar a gente inocente, si los hombres de entonces lo eligieron fue por algo, etc. En síntesis, hoy los italianos miran con ojos benévolos ese pasado escabroso y hasta se sienten un tanto orgullosos de aquél líder pusilánime. Todo esto como resultado, según Corner, de los diez años en los que De Felice se paseó por cuanto programa había defendiendo a su héroe fascista.

Consideramos que seguramente De Felice alimentó algo ya latente en los italianos y visiblemente reflejado en la elección de sus líderes contemporáneos.

Sin embargo, este mecanismo nos resulta conocido al escuchar en el común de los argentinos un discurso de tintes revisionistas sobre nuestro pasado, estigmatizando ciertos nombres y encumbrando otros. Entonces, vemos materializada la influencia de programas como “Algo Habrán Hecho”, así como la falta de profesionalismo de sus responsables. Por ejemplo, en dicho proyecto televisivo se sentencia cual verdad absoluta que Mariano Moreno murió envenenado en alta mar, cuando en realidad eso es algo discutido y existen otras teorías igual de válidas, que por supuesto no son expuestas. Automáticamente Cornelio Saavedra se transforma en el culpable y nos encontramos con otro militar infame al cual repudiar. Por otra parte, nada se escucha sobre lo sanguinario que fue Moreno y así se van ocultando los perfiles incómodos de los personajes a rescatar.

Alguna vez Marco Aurelio escribió “No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños”; lamentablemente poseemos medios de comunicación que alimentan el infantilismo en todos los sentidos, también en este. Debemos entonces levantar el guante y dar a las nuevas generaciones herramientas para desnudar la subjetividad contenida en cada discurso, hasta en el propio. Sin dudas, un desafío ya bastante rancio.

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Renzo De Felice

Renzo De Felice

El curioso caso de Hans Cristian Andersen

septiembre 26, 2011

Como tantos, Hans Cristian Andersen ansiaba la inmortalidad y en cierta forma la alcanzó a través de un centenar de cuentos que poblaron nuestra infancia. Tristemente el autor de clásicos como “La Sirenita”, “El Soldadito de Plomo” y “El Patito Feo” reflejó en sus célebres historias las frustraciones de una desdichada existencia, someramente detallada a continuación.

Por empezar, la familia de Hans era tan humilde que el padre fabricó su cuna con restos de un ataúd (buena excusa, pero no hay pobreza que justifique tamaña maldad). Contra todos los pronósticos, aquel mísero zapatero fue un excelente padre que embelleció en algo la vida del desdichado Hans y que, por supuesto… murió joven.

Huérfano a los 11 años, el pequeño tuvo que abandonar la escuela para ayudar a mantener el hogar. Tres años después su madre (prostituta de profesión) volvió a casarse, por lo que nuestro protagonista decidió darle un nuevo rumbo a su vida. Así, entre sus escasas pertenencias empacó cuantiosas ilusiones y se marchó.

No logró concretar el sueño de ser actor, pero terminó siendo protegido por allegados a la Corona danesa lo que le permitió terminar sus estudios. En la escuela, Andersen destacó mucho: era el más extraño, el más feo y doblaba en edad a sus compañeros. Fueron años muy duros.

Concluidos los estudios, sus poemas y cuentos ya eran reconocidos por los intelectuales de la ciudad y a partir de 1833 pudo viajar por Europa con ayuda de la Corona. De esta forma conoció a Franz Liszt, Mendelssohn y a Charles Dickens. Particularmente interesante fue su encuentro con este último. Tras diez años de una fluida relación epistolar, Charles lo invitó a pasar unos días a su casa. La visita se prolongó y cuando finalmente Hans se fue, Dickens colocó una placa en su casa que decía: “Hans Cristian Andersen durmió en esta habitación durante cinco semanas que a la familia le parecieron siglos”. Sucede que el danés tenía ataques de llanto e histeria demandando la atención de todos.

Bien, vayamos ahora a lo que todos se estarán preguntando: ¿era gay? Algunos biógrafos afirman que sufrió toda su vida de “homosexualidad no asumida”. No obstante, declaró su amor a algunas mujeres que, desde luego, lo rechazaron. Una de estas fue Jenny Lind, cantante sueca a quien dedicó el cuento “El Ruiseñor” (1843). Todas las noches, Hans pintaba en recortables de papel vestidos para ella y ataviaba a sus muñecas como si se tratara de Jenny. Seguimos sin comprender cómo la sueca lo dejó escapar…

En 1872 comenzó con los padecimientos de un cáncer de hígado, sucumbiendo en 1873  a los 70 años. Cuando murió, guardaba consigo una carta de amor. Su último deseo fue que nadie la leyera. Lamentablemente, eran épocas en las que se respetaba la última voluntad de un muerto y jamás sabremos para quien era.

Más allá de todo, la vida de Andersen debe ser vista como un ejemplo de resiliencia y superación personal. La historia de un niño  que criado en la prostitución de su madre, la indigencia cotidiana, el abandono y la orfandad precoz logró doblegar su destino, librándose de una segura existencia miserable.

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Hans Christian Andersen

Hans Christian Andersen

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Una historia de segregación racial en Hollywood

septiembre 17, 2011

Las leyes de Jim Crow que fueron promulgadas entre 1876 y 1965 en Estados Unidos, aseguraron la segregación racial en todos los espacios públicos bajo la reseña “separados pero iguales”. Dicha legislación se aplicó especialmente a los estadunidenses negros garantizándoles desventajas económicas, educativas y sociales.

Como consecuencia de dicha legislación, los  afroamericanos no podían ocupar ciertos espacios del ómnibus y si un blanco quería sentarse debían darle el lugar; estaban prohibidos los matrimonios interraciales; no podían usar los mismos bebederos ni lavabos (de hecho el Pentágono tiene el doble de los  baños que necesita justamente por este motivo); existían lugares por donde ingresaban los blancos y otros por donde lo hacían los negros; etc.

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Bebederos para negros y para blancos

Bebederos para negros y para blancos


Desde luego, Hollywood  no fue la excepción. Así, al estreno de la mítica “Lo que el viento se llevó”, el 15 de diciembre de 1939, sólo concurrieron los actores de “raza” blanca y cuando Hattie McDaniel, la célebre criada negra del filme, ganó por dicho papel el primer Oscar concedido a una afroamericana tuvo que recibirlo en una ceremonia aparte.

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 McDaniel era hija de esclavos liberados y falleció hacia 1952 en Woodland Hills (Los Ángeles) y, como cierre a una vida de humillaciones, el cementerio principal de la ciudad la rechazó: no se permitía que las personas con piel oscura fueran enterradas en el mismo sitio que las blancas. Hoy, en dicha necrópolis, el siguiente cenotafio la recuerda desde 1999.

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Cenotafio de Hattie McDaniel

Cenotafio de Hattie McDaniel

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Sarmiento, tan civilizado como bárbaro

septiembre 11, 2011

Como tantos niños argentinos crecí detestando profundamente a Sarmiento, tener el mote de “padre del aula” era, y es, suficiente motivo para caerle mal a cualquier víctima activa del sistema educativo. Además, sus imágenes no ayudaban para nada. Cada acto escolar en su honor despertaba un: gracias por todo lo que hiciste Domingo Faustino, pero no te hubieses molestado. Años más tarde, a la luz del discurso revisionista que anega los medios de comunicación, comencé a considerarlo como un personaje nefasto, cruel y asesino de paraguayos.

Por suerte llegó a mis manos la clásica biografía del sanjuanino escrita por Manuel Gálvez, una suerte de Facundo dedicado a su autor. Crítica por momentos trivial la de Gálvez quién, lejos de lograr su objetivo, termina despertando simpatía por aquel díscolo intelectual de exquisito sarcasmo e impúdica ironía.

Echando mano a otros textos descubrí al niño criado en la pobreza, al adolescente frustrado tras no lograr el acceso a estudios superiores y al hombre obsesionado por evitar a otros el mismo destino. Grato fue encontrarse con aquel Sarmiento, un prócer que se agarraba a bastonazos por la calle, mujeriego, soberbio, temperamental, rencoroso, pasional, visionario; alguien plagado de errores, pero también de numerosos aciertos, entre ellos el de soñarnos inmensos… Inmediatamente me vi presa de una de sus sentencias más certeras: “la ignorancia es atrevida”, que imprudente había sido al repudiarlo por tres o cuatro frases desafortunadas y sacadas de contexto.

Expresión plena de su dicotomía predilecta, tan civilizado como bárbaro, “el loco” Sarmiento es examinado con cánones actuales y categorizado como un ser políticamente incorrecto, una lacra traidora, un “facho”. La realidad señala que si juzgáramos a otros próceres con la misma vara, el panteón de virtuosos de la historia nacional sufría muchas bajas, valga la redundancia.

Visiblemente su destino no escapa a aquél vaticinado por Jorge Luis Borges, el de caminar entre los hombres que le pagan (porque no ha muerto) su jornal de injurias o de veneraciones. En definitiva, a Domingo Faustino Sarmiento podemos admirarlo o vilipendiarlo, lo que no podemos es hacerlo basándonos solamente en un documental de Felipe Pigna; desconociendo los ambientes ideológicos, sociales, económicos y culturales contemporáneos al mismo.

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SARMIENTO

Por Jorge Luis Borges

“No lo abruman el mármol y la gloria.

Nuestra asidua retórica no lima

su áspera realidad. Las aclamadas

fechas de centenarios y de fastos

no hacen que este hombre solitario sea

menos que un hombre. No es un eco antiguo

que la cóncava fama multiplica

o, como éste o aquel, un blanco símbolo

que pueden manejar las dictaduras.

Es él. Es el testigo de la patria,

el que ve nuestra infamia y nuestra gloria,

la luz de mayo y el horror de Rosas

y el otro horror y los secretos días

del minucioso porvenir. Es alguien

que sigue odiando, amando y combatiendo.

Se que en aquellas albas de setiembre

que nadie olvidará y que nadie puede

contar, lo hemos sentido. Su obstinado

amor quiere salvarnos. Noche y día

camina entre los hombres, que le pagan

(porque no ha muerto) su jornal de injurias

o de veneraciones. Abstraído

en su larga visión como en un mágico

cristal que a un tiempo encierra las tres caras

del tiempo que es después, antes, ahora,

Sarmiento el soñador sigue soñándonos”.

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El honorable Juez

agosto 24, 2011

Remontándonos a la primera configuración de la Corte Suprema de la Nación, concretada bajo la presidencia de Mitre en 1863, nos encontramos con un sombrío personaje: Salvador María del Carril.  Retratado por la pluma de Lucio V. Mansilla como un hombre de “estudiada sencillez”, con manos “pulcras, cuidadas las uñas color rosa, ni cortas ni largas, lo mismo que las de una dama de calidad”, manos que daban “frío al tocarlas, un frío que venía muy de adentro”; sus labios “algo gruesos, casi siempre un poco apretados, como para que no se escaparan sus secretos”… Sobre todo cierto secreto que vio la luz hacia el final de sus días, convirtiéndolo en espectador de su propia ruina.

Su experiencia en “la cosa pública” comenzó en 1820, figurando al frente de grandes empresas como la gobernación de San Juan y el cargo de Vicepresidente de la Confederación durante el mandato del General Urquiza; pero también hubo otras de memoria menos grata, como el papel de consejero de Lavalle para el fusilamiento de Dorrego. Información que del Carril pretendió llevarse a la tumba sin éxito.

Así, en 1880 el historiador Ángel Justiniano Carranza encontró las cartas que Salvador María envió a Lavalle presionándolo para que terminara con Dorrego, exigiendo además que tras leerlas las eliminara. En ese año, aún vivía del Carril y era nada menos que el Presidente de la Suprema Corte de Justicia. La publicación a través del diario “La Nación”, causó sensación y un verdadero escándalo, pues en las mismas podía leerse al honorable juez confesando que “si es necesario mentir a la posteridad, se miente…”. Instigador y cómplice del primer crimen político nacional, nuestro protagonista no se pronunció al respecto y falleció dos años más tarde.

Al morir, su viuda recibió parte de la enorme fortuna y desde entonces dejó de sufrir la miseria a la cual la tenía sometida su cónyuge. Tiburcia,  había dejado de hablarle hacía veintiún años, ya que del Carril por medio de una carta enviada a los diarios, comunicó a los acreedores de su mujer que no pensaba hacerse cargo de sus deudas. Como última voluntad, ella pidió que su busto fuese colocado de espaldas a él, porque seguiría enojada, aún después de la muerte. En la actualidad constituyen una de las historias más interesantes que los guías del Cementerio de la Recoleta sacan de su galera.  Años más tarde la nieta de ambos, Delia del Carril Iraeta, sería esposa de Pablo Neruda, pero esa es otra historia.

Dejando de lado por completo su vida privada y haciendo hincapié en su desempeño público, horroriza comprobar en manos de que tipo de magistrados ha recaído el poder judicial de nuestro país desde el mismo momento de su conformación.

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Tumba de Salvador María del Carril y su esposa Tiburcia

Tumba de Salvador María del Carril y su esposa Tiburcia

Los dientes de Belgrano

junio 21, 2011

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Manuel Belgrano

Manuel Belgrano

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Manuel Belgrano murió a las 7 de la mañana del 20 de junio de 1820, año conocido como el de la anarquía, puesto que en Bs As se sucedieron vertiginosamente una serie de gobernadores aunque, como han especificado muchos historiadores, el caos político no afectó a todo el país y es este es uno de los conceptos centralistas que anegan a la historiografía nacional.

Aquél día de junio se superpusieron tres gobernadores porteños: Ramos Mejía, Juan José Dolz y el general Miguel Estanislao Soler, este último nombrado por el ejército y el Cabildo de Luján. Manuel Belgrano murió sin ver el país que soñaba y por el que había empeñado su vida, deuda que aún Argentina no saldó.

Sólo un diario dio la noticia de su muerte el Despertador Teofilantrópico Mistico-Politico cuyo director, Francisco de Paula Castañeda, se lamentó por el triste, ingrato y pobre funeral que se había dado al ilustre general.  Es que Belgrano murió en la pobreza absoluta, teniendo por lápida parte de un lavatorio de la familia y un último adiós al que asistieron muy pocas personas.

Sin respetar sus deseos de descansar en una tumba austera, 82 años después sus restos fueron trasladados a un mausoleo hecho con los mejores materiales de la época y por escultores italianos. Así el 4 de septiembre de 1902, una comisión compuesta entre otros por un nieto, un bisnieto del prócer y por los ministros Joaquín V. González y Pablo Ricchieri exhumó los restos de Manuel Belgrano. Debajo de la lápida no hallaron ningún ataúd, sólo clavos, tachuelas y algunos huesos dispersos. Fue posible rescatar en buen estado parte de la dentadura, increíblemente Joaquín V. Gonzalez y Pablo Ricchieri se hicieron con un par de dientes del General, excusándose este último de haberlo hecho para llevárselo a Mitre y cubrirlo de oro antes de devolverlo.

Ambos ministros restituyeron finalmente los dientes debido a la presión del diario La Prensa al que recurrió para denunciar el hecho Fray Modesto Becco, uno de los monjes del convento donde había sido enterrado el padre de la Bandera. Tras recibir los mismos, el prior volvió a dirigirse al periódico:

Señor Director de La Prensa:

Muy Señor mío:

El Excelentísimo señor Ministro del Interior Joaquín V. Gonzalez, que llevó un diente del General Belgrano para mostrárselo a varios amigos, acaba de remitirme esa preciosa reliquia del glorioso prócer de la Patria, la cuál está en mi poder y bajo custodia de esta comunidad, como el demás resto de sus cenizas.

Como podemos observar, una constante en la historia argentina parece ser la de tener ministros nacionales que nos avergüencen, así como representantes que juegan, ya sea con los dientes o la memoria de los verdaderos patriotas argentinos, aquellos que llegaron al extremo de morir en la miseria por haberlo dado todo.

Los dejo con una de mis publicidades preferidas, centrada en la figura del General Belgrano.

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