Archive for the ‘Historia Argentina’ category

Columna en Diario Los Andes

junio 22, 2013

Hoy se publicó la primera nota de mi columna “El lado B de la Historia” en Diario los Andes, los invito a leerla!

Gracias a todos por el interés que muestran siempre.

 

herencia

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99 años de SUBTE

diciembre 1, 2012

El primero de diciembre de 1913 se inauguraba la Línea A del SUBTE de Buenos Aires, siendo el primero de América Latina,  del hemisferio sur y de todos los países de habla hispana.

De esta forma el presidente Victorino de la Plaza hacía realidad el sueño de Miguel Cané, quién había expresado la necesidad de un subterráneo para Buenos Aires a fines del siglo XIX, inspirado en la ciudad de Londres.

Lamentablemente esta obra subterránea ya no es un ejemplo a nivel mundial, siendo parte de la infraestructura que nos legaron gobiernos muy pretéritos y que los de  hoy subsanan mediocremente.

El SUBTE, testigo casi centenario de una Argentina seria, con gobiernos que construían pensando en un futuro más remoto que el de las próximas elecciones.

 

Victorino de la Plaza inaugurando el Subte de Bs As (1913)

El presidente Victorino de la Plaza inaugurando el Subte de Bs As (1913)

El fusilamiento de Camila O’Gorman por Sarmiento

noviembre 14, 2012

Camila O'Gorman

Camila O’Gorman

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(…) De repente cunde la noticia de que el cura Gutiérrez, Camila O’Gorman i el niño de ocho meses que llevaba esta en sus entrañas, habian sido fusilados juntos por orden del gobernador Rosas, i sepultados juntos en un cajón. Buenos Aires tiene encallecido el corazón de esperimentar horror, i no es fácil cosa conmoverlo con muertes, degüellos, desapariciones de individuos. Todo es vulgar; pero aquel fusilamiento de una linda joven, de un cura i de un niño, a quien segun la espresion de Ascasubi, el bardo gaucho, “mataban antes de haber nacido,” era tan esquisitamente horrible, imprevisto, repentino i aterrante, que valia por una matanza por las calles llevando al mercado las cabezas. Si la ciudad entera hubiese recibido un solo instante la noticia, se la habría visto estremecer como si una cadena galvánica hubiese comunicado a todos una descarga eléctrica. Hemos visto cartas de estranjeros dirijidas entonces a sus corresponsales de Valparaíso en que decía uno: “estoi horrorizado, se me vuela la cabeza; esto es espantoso.” I sin embargo, no decía qué era lo que tan profundas emociones le causaba. Quince días después, se esplicó en términos jenerales sobre el acontecimiento, i bajo las mismas impresiones de pavor.

Añádase a esto, que acompañaron a la muerte de aquellos infelices, detalles que despedazan el corazón. La guarnición de Santos Lugares, encargada siempre de ejecuciones iguales, habituada siempre a matar a quien se le ordena, tuvo esta vez horror de si misma, i el oficial contestó sin saber lo que se decia: “que me maten; pero yo no hago lo que me mandan.” Fue preciso avisar a Rosas, prolongar la espectacion, i que llegase nueva partida de soldados. Al clérigo le desollaron las palmas de las manos i la corona, práctica que ya se habia observado, con otros cuatro viejos curas i canónigos degollados en Santos Lugares. En el momento del suplicio, el cura criminal flaqueaba; i teniendo los ojos vendados, preguntaba oyendo pasos cerca de él, “¿quién está conmigo? —Yo, le contestaba una voz que por mucho tiempo habia sonado dulce a sus oidos; “¿que tienes miedo? Yo estoi tranquila; me han bautizado a mi hijito.” Esta pobre víctima de una pasión, se habia echado el pelo hermosísimo sobre su rostro, para ocultar quizá el rubor tan natural en una mujer; i la madre al sentir amartillarse los gatillos de los fusiles, encojia el cuerpo, como para evitar que alguna bala fuese a matar al hijo que palpitaba en sus entrañas. Los soldados de don Juan Manuel de Rosas, son hombres al fin; uno cayó desmayado al disparar su fusil; otros volvieron la cara haciendo fuego a la ventura, i ninguno acertó a herirla en la primera descarga. En la segunda de ocho tiros, uno hirió en un brazo a la pobre señorita que dio un grito. Al fin la piedad se despertó en aquellos corazones embrutecidos, i a la tercera la despedazaron a balazos. (…)

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Camila O’Gorman por Domingo Faustino Sarmiento,
del Tomo 6 páginas 210 y 211,
Obras de Domingo Faustino Sarmiento.
Edición Montt-Belin 1884-1903
(Se respetó la ortografía original del texto)

La declaración de Independencia

julio 9, 2012

Los peligros externos se multiplicaron hacia 1816. El espectro de una  expedición que llegaría de Cádiz para sofocar la revolución, la Banda Oriental invadida por el Regente de Portugal en apoyo a España, la derrota de los revolucionarios mexicanos, quiteños, chilenos, colombianos y venezolanos, obscurecieron el horizonte insurrecto en Hispanoamérica.

A este desalentador cuadro se agregó que, en Viena, los monarcas europeos se comprometieron a luchar contra los gobiernos republicanos hasta extinguirlos.

Así describía aquel panorama el diputado por San Luis, Pueyrredón, al Teniente Gobernador de esa ciudad norteña:

 “… En el Perú se perdió todo… el país está todo dividido, el ejercito casi disuelto y en extremo prostituido; la ambición se entroniza con descaro…; cada pueblo encierra una facción que lo domina: la codicia, la sensualidad, todas las pasiones bajas se han desencadenado; solo una absoluta regeneración puede restituir el país a la vida. ¿Pero dónde están los instrumentos para formar una masa de forma diferente? Las virtudes han huido de entre nosotros o están tan escondidas que no las halla la más vigilante dirigencia…”.

En este clima se reunió el Congreso de Tucumán, con el fin de declarar finalmente nuestra independencia. ¿Qué decía San Martin sobre dicha reunión? La respuesta se encuentra en las diversas cartas que escribió al diputado por Mendoza, Tomás Godoy Cruz:

“… Por lo más sagrado les suplico hagan cuantos esfuerzos quepan en lo humano para asegurar nuestra suerte…” (19 de enero de 1816)

Y el 12 de abril expresaba:

“… ¿Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia? ¿No le parece una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional y, por último, hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos? ¿Qué nos falta más que decirlo?… Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas…”.

El miedo a las represalias de España había retrasado la declaración de Independencia, pero como sabemos esta se efectuó finalmente un 9 de julio de 1816.

Como cierre, me gustaría compartir con ustedes lo que señalan sobre su significado los especialistas Tau Anzoátegui y Martiré:

“… La Declaración -redactada sobre el modelo de la declaración de la independencia de los Estados Unidos- ofrecía un doble significado jurídico: como documento de naturaleza internacional, era el punto de partida de un nuevo Estado soberano; y desde el punto de vista interno, constituía un verdadero pacto de unión entre los pueblos rioplatenses, el primer pacto de cohesión sobre el cual se apoyaría el andamiaje político y constitucional.

Desde el punto de vista político, representaba el paso previo y necesario para llevar a cabo la ofensiva militar a otras regiones, concretada en la magna empresa de San Martín. Esta Declaración fue en todo tiempo observada como la base constitutiva de las provincias rioplatenses, pese a que no concurrieron al Congreso los diputados de la Banda Oriental, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Paraguay…”

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Bibliografía:

Víctor TAU ANZOÁTEGUI. Eduardo Martiré. Manual de Historia de las Instituciones Argentinas. Macchi, Buenos Aires, 1975, p. 346

 Edberto ACEVEDO. La independencia Argentina. Mapfre, Madrid, 1992, pp. 140-141.

Francisco Pascasio Moreno por Germán Sopeña

mayo 31, 2012

El 28 de abril de 2001 perdió la vida Germán Sopeña, periodista y escritor argentino, viajaba en el avión Cessna que se estrelló rumbo a la Patagonia. En el mismo accidente, fallecieron el entonces presidente del grupo Techint Agostino Rocca, el director de la Administración Nacional de Parques Nacionales José Luis Fonrouge y otras siete personas.

Ocho días antes de su fallecimiento, el Diario La Nación publicó estas palabras de Sopeña sobre Francisco Pascasio Moreno, quien nació en Buenos Aires un día como hoy hace 160 años:

“El perito Moreno, un hombre multifacético que fue explorador, naturalista, geógrafo, educador, ecologista, filántropo y hombre de Estado a la vez, conserva todavía, ochenta y cuatro años después de su muerte, un imán indefinible y poderoso, capaz de ejercer una influencia positiva sobre el país que él mismo ayudó a construir, pese a que muchos de sus sueños aún esperan que los argentinos los concreten.

“Ni unos de otros de sus críticos (sectores de izquierda y de derecha) entendían que Moreno era uno de esos grandes liberales del siglo XIX, de aquellos que comprendían que el progreso y la modernización avanzan por encima de las fronteras, pero que estaban imbuidos, a la vez, de un fuerte sentimiento nacionalista.

“En realidad, esa dificultad para entender la necesidad de abrirse al mundo es la que subsistió hasta hoy en la Argentina y que explica, en buena medida, los retrasos y estancamientos sufridos por el país por la falta de adaptación al mundo real. Contra eso luchaba Moreno y también allí su mensaje es válido hasta hoy.” ( La Nación , 20 de abril de 2001)

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Francisco Pascasio Moreno

Francisco Pascasio Moreno

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La Circular del 27 de mayo y el verdadero rostro de Moreno

mayo 27, 2012

En el capítulo IV de su “Historia Constitucional Argentina”, entre las páginas 127 y 134, López Rosas desarrolla de forma clara este momento histórico:

“ … Circular del 27 de mayo. La incorporación de los diputados a la Junta. Por un inequívoco acto de soberanía popular se instala en Buenos Aires la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata, a nombre  del Señor Don Fernando Séptimo. Desde el instante mismo de su juramento comienza la labor revolucionaria del nuevo gobierno que tiene que decidir sobre su inmediato destino. Aunque del mandato del pueblo no surgía la consulta ni la con­vocatoria de las provincias, era evidente que para consolidar posiciones debía hacerse trascender a la revolución que había sido realizada de hecho en un plano municipal, a una esfera nacional que reafirmara la decisión de Buenos Aires. (…) En resumen: la Junta Provisional Gubernativa al convocar a los pueblos del interior para que se incorporaran a la misma, a medida que fueran llegando sus diputados a la capital, daba un habilidoso golpe de estado. Incorporándose a la Junta las provin­cias reconocían a ese nuevo gobierno, surgido de un movimiento local, es decir, con carácter municipal. Y la Junta, al recibir la adhesión de gran parte del virreinato consolidaba su poder, abandonando su carácter provisional para ser permanente. El panorama que se les presentó a los hombres de mayo era sumamente difícil. Si se invitaba a los diputados del interior a formar solamente un congreso, éste, al instalarse para decidir sobre “la forma de gobierno que se estimase conveniente”, podía muy bien, como era lógico, declararse soberano y determinar, entre otras cosas, la disolución de esa Junta provisional, nacida el 25 de mayo con carácter precario. De ahí que con extrema habili­dad se decide incorporar a los representantes de las provincias, y al hacerlo, la Junta, al par que se consolida y adquiere per­manencia, toma rango nacional.

De esta manera, la Revolución que en su principio fue mu­nicipal adquirió preponderancia general. Pero, detrás de todo esto, se ocultaba la política morenista. Era necesario que la circular del 27 invitara para la incorporación al nuevo gobier­no; pero también era necesario desarrollar una diplomática po­lítica para tratar que en los hechos esta incorporación no se llevase a cabo. Moreno y los suyos comprendieron todo el peligro que encerraba una invitación formulada a hombres del interior, donde los principios revolucionarios podían no haber llegado, y donde por lógica debían predominar los godos o sus partidarios leales a la Corona. De ahí que no se les incorpora y se les entretiene. Una circunstancia fortuita medió más tarde, como ya veremos, para que se hiciera necesaria la presencia de los hombres del interior en el seno de la Junta, a fin de contrarrestar la influencia de Moreno (…) a medida que fueron llegando a la capital les representantes del interior (…) en funciones superfluas se mantiene a los diputados que, en vano, trabajan por su incorporación a la Junta de Mayo. (…)

Lo cierto es que los diputados del interior deambulaban por Buenos Aires sin poder participar del gobierno (…) la política de Mariano Moreno había dividido a los hombres de la Junta, y al grupo dirigente de la Revolución. Sus medidas drásticas, y a veces, sangrientas, chocaron con el espíritu conservador de muchos de aquellos hombres que preferían adoptar temperamen­tos de mayor equilibrio. En sus fogosos treinta y dos años, el “numen de Mayo” arrastraba toda su pasión robespierriana, Fue quizá de los pocos que tuvo la clara visión de la pronta independencia y el exacto sentido de la Revolución; pero, sus determinaciones intransigentes y punitivas, se enfrentaron con el espíritu contemporizador del grupo presidido por Saavedra. (…)

Resultado de todas estas desavenencias fue la incorporación de los diputados del interior. A los fines de neutralizar la obra de Moreno y de disminuir su influencia en el seno de la Junta, como así también de aplazar la reunión del congreso, se resolvió convocar a los representantes. (…)

Luego de no pocas discusiones Y controversias doctrinarias, se pasó a votación, Amén de los representantes de las provin­cias, todos los demás vocales de la Junta votaron por la incor­poración, con excepción hecha de Juan José Paso, si bien con reparos. Saavedra votó favorablemente, aún cuando señaló que la “incorporación no era según derecho”. Azcuénaga señaló que lo hacía en obsequio de la unidad y de la política. Alberti dijo “que contemplaba contra derecho y origen de muchos males se­mejante incorporación, pero que accedía por conveniencia política”. Por su parte, Mariano Moreno (…) renuncia a su empleo …” Su renuncia no fue aceptada, entonces pidió ser enviado a Inglaterra y murió en altamar.

En fin, Moreno se retiró indignado por la incorporación de los diputados del resto del virreinato, después de ordenar todo tipo de brutalidades y arbitrariedades desde su cómodo espacio en la Junta. Esa es la cara de Moreno que últimamente se busca no mirar de frente.

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Mariano Moreno

Mariano Moreno

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El destino final de algunos revolucionarios de Mayo

mayo 25, 2012

Manuel Alberti, vocal de la Junta, murió en enero de 1811 a la edad de 48 años, víctima de un fulminante paro cardíaco que, según algunas crónicas, se produjo durante una discusión con el Deán Funes.

Juan José Castellí  falleció poco tiempo después que Moreno, en octubre de 1812, también a los 48 años, víctima de un cáncer de lengua (posiblemente ocasionado por una quemadura de cigarrillo). Por entonces, Castelli ya era un muerto político: la derrota que protagonizó en Huaqui significó la pérdida del Alto Perú, por esto fue separado de su cargo para ser sometido a un largo y denigrante proceso que lo llevó a la prisión donde encontró la muerte.

El bando morenista sufrió otro sacudón en abril de 1815, con la caída del Director Supremo Carlos María de Alvear cayeron a dos de sus principales apoyos: Bernardo de Monteagudo, que se exilió en el viejo continente y Nicolás Rodríguez Peña, confinado primero en San Juan y luego en Mendoza, desde donde pasó a Chile, donde residió hasta su muerte, sucedida en 1853 cuando tenía 78 años. Sus restos fueron repatriados en 1910, en ocasión de la celebración del Primer Centenario. Monteagudo regresó a América y fue asesinado en Lima, en 1825. Tenía 40 años. De Hipólito Vieytes se sabe que  murió el 5 de octubre de 1815, pero se desconoce el lugar puntual de su sepultura.

Otros incondicionales de Moreno fueron los inseparables French y Berutti, ambos cayeron en desgracia tras el eclipse del buen Mariano y fueron alejados de los grandes escaños en 1811. Berutti, que era  militar, se convirtió en uno de los oficiales del Ejército de los Andes. Murió en 1841, a los 69 años de edad, aún en actividad. Domingo French, se exilió en 1817, junto a Manuel Moreno (hermano de Mariano) en Estados Unidos junto. Luego volvería a la Argentina, para morir en Buenos Aires el 4 de junio de 1825.

Juan Larrea, fue también removido de sus funciones en 1811, dado que como el resto era morenista. Sufrió además la confiscación de su propiedad y el destierro a San Juan (donde por entonces llegaba al mundo Sarmiento). Sin embargo pronto volvería a la acción política, siendo uno de los miembros más activos de la Asamblea del año XIII. Aunque en 1815 volvió a sufrir la persecución política y la proscripción. No le quedó más que reanudar sus actividades comerciales. Lamentablemente Larrea cayó nuevamente en desgracia durante la época de Rosas y vencido por la vida se suicidó el 20 de junio de 1847, degollándose con una navaja de afeitar. Tenía entonces 65 años de edad.

Don Miguel de Azcuénaga, el miembro de mayor edad de la Primera Junta, tuvo que exiliarse en Mendoza en 1811. Pero sucumbió en Buenos Aires, casi a los 80 años en diciembre de 1833. Su muerte se produjo en su chacra de los Olivos, que sería heredada por Carlos Villate Olaguer en 1903 y convertida en la residencia presidencial.

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