El último caudillo radical


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Por Esteban Lo Presti y Luciana Sabina

“Raúl, dejá de hablar boludeces, me queda poco tiempo, entrá que tenemos que hablar de política”, le decía Jorjón Sabato cuando lo iba a visitar ya elegido presidente.

Muchos dudaron que aquél día por fin iba a llegar, aúnmás fueron los no creyeron que podía darse semejante batacazo al peronismo en las urnas. Pero se venía sintiendo en las calles durante los días previos a ese 30 de octubre.

Sus más cercanos colaboradores lo miraron con sorna cuando pidió que el acto de cierre electoral fuese en la mítica avenida 9 de julio. La más ancha del mundo (según dudosas mediciones locales). Debe haberse empacado. Exigiendo incluso que River devolviese la seña dada por el alquiler del estadio. Tal vez su contrincante fue el único en advertir lo que sucedería. Ese día, Luder pidió ir al interior -a un mitín en Chaco- y al sobrevolar la 9 de Julio murmuró: “cuanta gente”.

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Lo multitudinario de sus actos previos, le daba cierto cariz peronista. La gente enardecía vehemente: volvía la Democracia, se iba el horror y allí estaba él, como un bálsamo. Ese 30 de septiembre, un oportuno paro de colectivos quiso boicotear el inicio formal de la campaña radical, aún así fue uno de los actos más importantes de nuestra historia política. Los argentinos empezamos a abrazar al último caudillo radical.

Desde que Perón, entre 1943 y 1945, marcó los ritmos de una campaña política, no había existido otro liderazgo que hiciese algo similar. Transcurridas apenas unas semanas de la derrota en Malvinas inició su campaña,  corriendo con la ventaja de ser uno de los pocos que se opuso a la absurda guerra en el Atlántico Sur. Tras ese primer acto en la Federación de Box marcó el ritmo y la agenda política. Exigió que le saquen el polvo a las urnas, porque tenían que cumplir con su función: rebosar de votos.

Se rodeó de los mejores. En realidad, los mejores lo rodearon. No quisieron quedar fuera de la historia. Técnicos, intelectuales, artistas, deportistas. Pero sobre todo, gente de a pie. La misma que llegó de esa manera a Ferro porque no había colectivos.

Incorporó el marketing político, sin pudor, a la competencia electoral. Mientras, el peronismo seguía escribiendo con tiza y carbón su historia, el candidato radical se metía en la casa de cada argentino con una campaña moderna y precisa, con spots publicitarios de alta calidad. Campaña coordinada con maestría por David Ratto. Treinta años antes del timbreo macrista, Alfonsín iniciaba las reuniones tupper-ware política.

Esa noche de octubre confirmó lo que él siempre había sentido, cuando recibió una llamada notificándole que le enviaban la custodia presidencial. No haría falta negociar nada en el Colegio Electoral. Simplemente más del 50% de los votos lo habían convertido en presidente.

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El peronismo ayudó. Debe haber sido difícil esa noche en el comando de Luder. Nadie quería aceptar la derrota que, seguramente, presintieron un par de días antes. El peronismo no perdía elecciones, marcaba una regla no escrita de la política vernácula. Muchos de sus votantes les habían dado la espalda. Impensable. Pero cierto.

El 30 de octubre empezaba otra historia. Algunos creyeron que sería una de las tantas alternancias entre civiles y militares. Pero el mundo había cambiado. La URSS se desmoronaba, corría en una cinta sin fin como cobayo detrás de la zanahoria de la Guerra de las Galaxias, ese blef que Ronald Reagan les había regalado como un experto jugador de Poker. La tercera ola democratizadora llegaba a este hemisferio sur. EE.UU. necesitaba mostrar que en su patio trasero la democracia era posible. Los militares colaboraron también con su fracaso económico y militar.  Ya no garantizaban condiciones económicas viables para ser testaferros de la derecha argentina, que nunca había podido convertirse en un partido político competitivo. El peronismo los representaría en los noventa.

Alfonsín comprendió que el mundo cambiaba. Pero también que no podía ser una isla democrática en un cono sur rodeado de dictaduras. Argentina inició un efecto derrame. Su legado fue continental. La democracia se hizo posible en Uruguay, Brasil, Paraguay y Chile.

Entendió además que el Estado argentino no podía seguir siendo un paquidermo inmóvil. Intentó privatizar empresas, atraer capitales extranjeros para potenciar la extracción de petróleo con el plan Houston, el más ambicioso desde la época de Frondizi (no es casual que los más destacados dirigentes que se habían ido en los cincuenta del radicalismo habían vuelto con Alfonsín al viejo partido). Pese a las críticas, al final de su administración se había logrado el autoabastecimiento energético.

Solemos recordar su gobierno por la transición exitosa a la democracia. Por el juicio a las juntas militares y el legado de pluralidad. Pero sus principales transformaciones van por otro lado. Es hora de reivindicarles. Como Alvear, como Frondizi, en la mejor senda de los presidentes modernizadores del radicalismo, Alfonsín entendió que para que el país se inserte definitivamente en el club democrático, hacía falta modernizar la sociedad. Había que viajar, abrirse al mundo. De los jardines de la Casa Blanca a la URSS. De Cuba a España. Mostrar que Argentina podía ser un país normal. Que su legislación abandonaba el oscurantismo medieval con la sanción de la Ley de Divorcio o de la Patria Potestad Compartida. Que la transformación de las comunicaciones llegaba con la fibra óptica. Que la estabilización de la democracia no pasaba solo por poner presos a los dictadores sino, fundamentalmente, por transformar los planes de estudio de los Liceos Militares (donde el mismo había estudiado). Que el diálogo político era fundamental para potenciar a los partidos. Esos que lo acompañaron sin fisuras cuándo el sistema se la jugaba en abril de 1987.

Hubo muchos Alfonsín. Uno fue puntero, con todas las mañas que un puntero radical puede tener. Otro fue el político, el hombre que recorría los pueblos del país. El optimista que decía “cuando termines de recorrer cada pueblo, volvé a dar otra vuelta, al terminar te espera la presidencia”. También fue ese que –con poco más de una maleta y un par de papeles– recorría los juzgados para firmar Habeas Corpus mientras otros se enriquecían a costa de las víctimas. El despelotado que hacía volar los cheques en los comercios del pueblo para llevar un mango a la casa.

No fue un hombre perfecto. Sus ideas, en algún momento, también quedaron viejas. Por ejemplo, por los noventa, se aferró a un neo populismo económico que no se hubiese permitido durante su gobierno. Al mismo tiempo que protagonizaba el último pacto político del siglo XX. En el que rifó capital político a cambio de acuerdos a largo plazo.

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El cáncer se lo fue llevando de a poco. “Marito, no te vayas si me quedo dormido, esperame que tenemos que seguir hablando de política”, le decía a Mario Losada cuando lo visitaba en su casa, mientras la morfina hacía escasos efectos sobre sus dolores terminales.

Con la enfermedad llegaron los reconocimientos, los homenajes, la conciencia de que se nos estaba muriendo Alfonsín y nos dejaba un poco huérfanos a todos. Si, a todos porque su legado no fue teñido de dogmas partidarios. Aquel 1 de abril de 2009 los argentinos, sin importar el color político, nos agolpáramos en el Congreso para despedirlo y abrazarlo, como sólo los pueblos hacen con sus grandes hombres.

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20 comentarios en “El último caudillo radical”

  1. pedro sanabria Says:

    Hermoso trabajo los felicito

    Date: Fri, 30 Oct 2015 19:00:41 +0000
    To: sanabriapedro@hotmail.com.ar

  2. Norberto Tesy Wernicke Says:

    El artículo es excelente. Me permito señalar: 1) La fibra óptica se comenzó a usar a nivel mundial después del gobierno de Alfonsín.1) Durante el gobierno Alfonsín no se logró el autoabastecimiento petrolero. Todo lo demás perfecto.

  3. Eduardo Braceras Says:

    Que lindo recuerdo.
    Histórica semana…

  4. Julio Cobos Says:

    Reblogueó esto en Julio Cobosy comentado:
    Linda reflexión sobre una persona extraordinaria. Se los recomendamos.


  5. Excelente nota,y a pesar de que yo tenia 10 años recuerdo el festejo en la casa radical cerca de la 9 de julio de la cual fui con mi familia y vi alegría en la cara de la gente. Gracias por este hermoso homenaje.

  6. Nicolás Vertone Says:

    Muy lindo artículo escribieron, los felicito. En especial porque te lleva a ese momento cumbre de nuestra historia más reciente. Solo una crítica negativa y es que no concuerdo con la denominación de caudillo justamente a Alfonsín, el presidente desde la vuelta a la democracia más republicano y democrático que tuvimos (a medida que pasan los gobiernos se nota más). Me parece más propicio el término para el modo de hacer politica del peronismo o para los radicales anteriores a 1930. Igual no empaña para nada el gran trabajo.
    Saludos!

    pd: el blog está muy bueno!

  7. Nicolás Vertone Says:

    Muy bueno el artículo, los felicito. En especial por la capacidad de llevarnos hasta ese momento cumbre de nuestra historia más reciente. Solo un critica negativa y es que no concuerdo con la denominación de caudillo justamente a Alfonsín, el presidente más democrático y republicano que tuvimos desde la vuelta de la democracia (hasta ahora no creo que queden dudas). Me parece más propicio el término para el modo de hacer política del peronismo o de los radicales anteriores a 1930. Igual no empaña el gran trabajo.
    Saludos!

    pd: el blog está muy bueno!

  8. brycranston Says:

    genial chicos como siempre, hermoso recuerdo, y de como dejamos pasar las buenas oportunidades


  9. Concuerdo con Nicolás, Alfonsín no fue un caudillo como sí lo fue Balbín; pero igual, un digno recuerdo para el último político con mayúsculas que ha tenido la Argentina. Hoy, lamentablemente, en vez de aprender de un gran estadista y líder como él, nuestros ‘políticos’ se enredan en vacuos devaneos, que colocan al otrora rico país y a nosotros dentro, en la triste situación de un menesteroso. Felicitaciones por este hermoso recuerdo. Ojala y el 22 de noviembre seamos capaces de darnos una nueva oportunidad para comenzar de nuevo.

    Saludos,

    Dante.


  10. Exelente articulo, refleja lo que fue Alfonsin para todos nosotros, nos lleno de esperanza, sus discursos, nos ponían la piel de gallina.


  11. Estuve en el acto de apertura de la campaña en la Federaciòn de Box, en Ferro, el cierre de campaña en Rosario, y en otros actos donde se vislumbraba el advenimiento de la democracia.
    Lo hice màs por convicciòn que por identificaciòn polìtica.
    El artìculo es muy bueno, y con pleno conocimiento de causa, puedo asegurar que SI es cierto que se alcanzo el auto-abastecimiento del petroleo. Todavìa es “muy reciente” la pèrdida de Don Raùl para que los argentinos tengamos la plena dimensiòn de su figura, pero, la historia se encargarà de darle el sitial que se merece.
    Ese 1983 debe servirnos de guìa para el pròximo 22 de noviembre.
    Atentamente
    Luis

  12. Pedro Says:

    Ser fanatic@ de Alfonsin y votar a Mauri es como ser Judia y votar a Hitler. Puede entenderse que el Kirchnerismo no te guste. Lo que no es entendible que admirando a un social democrata honorable como lo fue Don Raul votes a un corrupto probado (Niembro anyone?) de derecha com es “Mauri”.
    Muchos se llenan la boca hablando de corrupcion. Soy cientifico y este gobierno es el que mas invirtio en ciencia desde los anios 60. Si son todo lo corrupto que Lanata y uds dicen que es, diganme, para que invirtio en ciencia? Porque no se afanaron esa guita tambien? O nos van a decir que invierten en ciencia para ganar el voto popular?
    La unica razon para invertir en ciencia es que te importe el pais. Cuanto les apuesto a que Macri va a reducir la inversion en ciencia!

    Igual, Sabina es tan linda que le aguanto las incoherencias.

    Pedro

  13. Alberto Callegari Says:

    Luciana y Esteban, gracias y felicitaciones por este trazo tan bien marcado de la importancia y relevancia que tuvo el paso e influencia de Raúl Alfonsin en los argentinos y en la Argentina. Jóvenes estudiantes como yo en ese momento, algunos que veníamos de meses bajo bandera por ser “soldados clase Malvinas” como me gusta decir, nos identificamos totalmente con su figura, y con nosotros, nuestros padres y abuelos. Vivimos semanas y días de esperanza por cómo aglutinó en un hombre y un nombre esa “curiosidad” por la vuelta del estado democrático, por el retorno al voto, que para muchos como yo, era “la primera vez”.
    Alfonsin fue sinónimo de democracia, sinónimo de estado de derecho. No hacía falta ser o sentirse “radical”. Porque su figura y el fervor democrático que transmitía en cada encendido discurso y en ese gesto apretándose las manos llevadas hacia uno y otro lado de su pecho, bastaban para marcar profundas diferencias con aquellos que quisieron volver a enquistarse en el poder, estando todavía fresco el desquicio que provocaron para darle origen al último período de facto de la Historia Argentina.
    Fue resistido por esos mismos que fueron capaces de quemar un cajón radical en la 9 de Julio. El boicot sindico-político-empresarial fue trabajando de a poco para corroer la calidad de su gestión y obligarlo a capitular ante Menem, en 1989. Lo hizo dignamente haciendo valer principios y sembrando la semilla del valor de la defensa de las leyes y las instituciones, algo que hoy y durante años, el poder kirchnerista bastardeó. Por algo, su despedida fue tan multitudinaria como la de Eva y Juan Perón, y difícilmente sea repetida en estos tiempos por alguien en el mismo estamento que Raúl, o don Raúl, el de Chascomús y sin causa judicial alguna en su contra, enalteció a perpetuidad.

  14. Pao Hsing Kuo Says:

    Excelente artículo!!!! Sin desperdicio.

  15. chiquito santamaria Says:

    Don ricardo raul alfonsin el ultimo politico decente!! Un sr!!!

  16. pablo Says:

    Hermoso trabajo.
    Me impresionó eso del paro de colectivos del sindicato de extracto peronista justo antes de un acto de inicio de campaña de Alfonsín:siempre la misma mierda,boicoteando,no aceptando jamás una posible derrota,muy ilustrativo.

  17. Marine Says:

    Muy bueno !!


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