Más-a-fuera


“… Los primeros días de viaje, cada milla que hacíamos desviándonos de nuestro rumbo, era motivo de rebeliones de espíritu, de rabia y malestar. Al cabo de cuarenta días, empero, éramos todos unos corderos en resignación; y el viento, por contrario que nos fuese, soplaba según su voluntad soberana, sin recoger de paso vanas e impotentes maldiciones (…)

¿Qué puede referirse en un viaje de Valparaíso para Montevideo, aunque esté de por medio el temido Cabo de Hornos, que vimos de cerca, y rodeado de todos los polares esplendores, incluso las noches crepusculares en que, puesto el sol, la luz va rondando el horizonte sin perder nada de su pálido esplendor hasta preceder la salida del sol al naciente? Por lo demás, sucesión de días sin emociones, siguiendo a veces el vuelo majestuoso del Pájaro-carnero, que da vueltas al buque como azorado, cual si quisiera cerciorarse de lo que significa objeto para él tan extraño (…) aterrados en otra ocasión por el fatídico grito del timonel “hombre al mar!!!” y en efecto un infeliz marinero cayó de una verga en un día de borrasca; hizo un esfuerzo horrible para mostrarnos todo su busto sobre la superficie del Océano enfurecido; pero el negro e insondable abismo reclamó su presa, y fue en vano que el buque volviera sobre el lugar de la catástrofe, el hombre se sumergió para siempre (…) Pues bien, desde el día en que cayó el marinero, no mas pude permanecer como antes reclinado sobre la obra muerta, con los ojos fijos en las olas; temía ver salir la cabeza del infeliz náufrago: el silbido plañidero del viento perdió para mí toda su misteriosa melodía, porque me parecía que había de traer a mis oídos (y aun ponía atención sin poderlo remediar para escucharlos) gemidos confusos y  lejanos, como llantos de hombre, como grito de socorro, como súplica de desvalido, y el corazón se me oprimía (…)  el recuerdo del náufrago, cuyo cadáver se mezclaba en todos mis sueños despierto, en esos momentos en que no es el pensamiento el que piensa, sino las ideas, los recuerdos que de su propio motu se agitan en cierta caprichosa confusión y desorden que no carece de delicias. Lo más triste era que la desgracia sucedió al frente del archipiélago de Chiloé, patria del infeliz; allí cerca estaba su madre y la pobre cabaña que lo vio nacer, y a cuyos umbrales no debía presentarse más…”

Si te interesó el texto podés descubrir a quien perteneció tan magnánima pluma y saborearlo por completo siguiendo este link  http://www.biblioteca.org.ar/libros/70551.pdf

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3 comentarios en “Más-a-fuera”

  1. Emi Balbi Says:

    Buen post. Claro que no cualquiera puede escribir así, me gustó la forma de narrar… Entré al link, y la verdad debí haberlo sospechado, por ese “a quién perteneció tan magnánima pluma”, jajaj… Leí un par de párrafos, y me llamó la atención la ortografía. Estimo que para la época era considerado normal usar “j” donde ahora usamos “g”, o “i” en lugar de “y”… Solo lo había visto en libros específicos, imbuídos del lenguaje de otros tiempos, como Don Quijote, por eso me llamó la atención. De otra forma, sería muy decepcionante para mí que Sarmiento escribiera con tantas faltas, jeje… Me gustó mucho la publicación. Beso.


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