Michel Foucault y Tato Bores tenían el mismo concepto de sistema legal


Actualmente me encuentro volcada a la lectura de Michel Foucault, no vayan a pensar que nace de mi intelectualidad creciente o algo por el estilo, los motivos son estrictamente académicos: es necesario para aprobar cierta materia y, con el tiempo, conseguir cierto título.  Aún así, como muchos de ustedes sabrán, resulta enormemente placentero descubrirlo. Por el momento, dentro del mar  foucaultiano me gustaría rescatar una joya: su concepto de Ley,  siendo esta la mejor definición que encontré hasta la fecha. Para este autor, la Ley no es un estado de paz impuesto consensual o coercitivamente, sino una batalla perpetua: un sistema mediante el cual se gestionan ilegalismos.

Desgarradoramente y sin ningún tipo de pudor nuestro sistema legal parece basarse fielmente en dicha premisa, pero mejor que lo explique Tato:

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5 comentarios en “Michel Foucault y Tato Bores tenían el mismo concepto de sistema legal”

  1. Mariana Says:

    Me gusta esto de interpretar a Foucault desde Tato. La luz puede venir desde los más diversos lugares. Ahora, cuando veo a Lanata inspirarse en Bores me deprimo. No sirve ni para entender a los aparatos ideológicos del estado de Althusser.

  2. Carlos Says:

    Lanata no tiene nada que ver con Tato Bores, uno era humorista y el otro es comentarista y periodista político. Lo que pas que confunden, por que si estás en TV abierta, hay que ponerle cierto ritmo y notas dfe color al progrma si no se te cae y pasas a ser lo mismo que en el cable que nadie los ve.

  3. Fabian Says:

    Muy buena conexión. Me encantaría saber que piensa Tomás al respecto. Bien!

  4. matiasmorris Says:

    Que gran verdad en 1 minuto. Y nada cambia ni cambiará. Es genético a los nacidos en estas tierras.
    Muy bueno el blog.
    Saludos,
    Matías
    @matiasmorris

  5. andres2099 Says:

    Es media extraña la comparación, pero interesante de analizar.

    En cuanto al reconocimiento de desigualdades en la aplicación práctica de la ley penal, el monólogo de Tato y la obra de Foucault son coincidentes. Algunos criminólogos foucaultianos – en Argentina el más famoso es Zaffaroni – hablan de la “selectividad” del poder punitivo, refiriéndose a que el estado sólo se concentra en perseguir determinados delitos y a determinados grupos sociales, mientras que de otros delitos y de otros grupos sociales apenas se ocupa.

    Sobre a la idea del “poder”, léase a quienes no se les aplicará la ley penal con el máximo rigor, creo que Tato tiene un concepto mucho más limitado que Foucault. En el monólogo – y en general en toda la trayectoria televisiva del personaje – Tato asocia el poder al gobierno y a los funcionarios públicos que lo componen. En cambio para Foucault, y esto lo diferenciaba también de los marxistas, el poder no estaba depositado en una clase social o en el estado, sino que se encontraba “disperso por todas partes”, lo que impedía su asalto por medio de una revolución. Donde hubiera una institución (cárcel, manicomio, hospital, escuela, fábrica, etc.), o un saber (jurídico, médico, religioso, astronómico, etc.), había poder. Pareciera que el énfasis de Foucault en cuanto a la noción de poder y de base de la historia estaba en el “discurso” (por ello algunos lo consideran estructuralista). Así es que mientras para Tato el poder punitivo no se acuerda de molestar a los amigos del gobierno, Foucault asigna ese privilegio a quienes el discurso dominante – del lugar y la época que se trate – ubica en el trono de los intocables.

    Ahora bien, sobre la base del diagnóstico de Foucault sobre el poder punitivo, ¿cuál es la receta a seguir?. En el caso de Tato su idea sería que tanto el delincuente común como el poderoso sean castigados por igual, ya que en su monólogo no se limita a realizar una simple descripción de lo que percibe como la realidad, y en la escena final del video se desprende que le exige mayor severidad a los jueces.

    Pero en general los seguidores de Foucault en materia criminológica tienen cierta tendencia al abolicionismo o al minimalismo penal, es decir, pretenden limitar al máximo las penas y ocuparse de los conflictos por otros medios: prevención, conciliación, reparaciones económicas, métodos terapeúticos, etc. La razón se debe a que no creen que el estado persiga actos abstractos sino a personas pertenecientes a grupos considerados peligrosos. Dejaron de lado las teorías etiológicas que explicaban que las personas delinquían por una razón biológica (racial, cerebral, hormonal, etc.) o sociológica (educación familiar, subcultura de pertenencia, desproporción entre las pautas de consumo impuestas por la publicidad y las posibilidades reales de alcanzarlas, desorden colectivo generalizado, etc.), ya que entendían que sólo se estudiaba la conducta de los sujetos prisionizados, y no del conjunto total de los individuos que cometían delitos o producían daños pero que en su inmensa mayoría nunca pisaron una cárcel. Es así que para ellos la cuestión criminal es sinónimo de arbitrariedad política, y la única forma de limitarla es reduciendo todo lo posible el poder punitivo.


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