Rojas, Groussac y Borges


Pocas cosas me gustan tanto como recorrer librerías, más si estas son desconocidas y poseen obras viejas. Estimo que en general los ejemplares más antiguos, en todos los aspectos de la vida, suelen ser los más atractivos.

Buenos Aires es ideal para las almas sedientas de textos. Incluso, dicha provincia es, en mi configuración mental, primordialmente una inmensa biblioteca con invalorables joyas literarias en cada esquina. Por ende, a esas aventuras dedique gran parte de mi estadía en la Costa.

Entre los, aproximadamente, treinta ejemplares que adquirí destaca uno con el que no pensaba tropezar: “El Profeta de la Pampa” de Ricardo Rojas, una biografía a favor de Sarmiento.

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Parte de mi ejemplar

Parte de mi ejemplar

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Rojas, según Scenna, es parte de la tercera generación de historiadores argentinos (siendo Mitre paradigma de la primera y Groussac de la segunda), hombres expuestos a numerosos cambios, descriptos de manera magistral  por Margarita Montanari y Pérez Amuchástegui en “Corrientes Historiográficas Argentinas”. Fue Rojas uno de esos hombres configurados bajo el ala del gran revuelo ideológico mundial de fines del siglo XIX y principios del siglo XX; testigo de la Primera Guerra, el voto universal, el ascenso del radicalismo (primera gran ruptura con el antiguo régimen argentino), la Revolución Rusa, la crisis del liberalismo en general, la llegada de los inmigrantes, etc. Su historia, como otras grades historias argentinas, comenzó en Tucumán.

Veamos algunos datos generales del autor: nació en San Miguel de Tucumán un 16 de septiembre de 1882, su padre fue gobernador de Santiago del Estero (donde pasó su infancia, luego se trasladó a Buenos Aires dando rienda suelta a sus inquietudes académicas). Fue rector de la UBA durante la segunda presidencia de Yrigoyen y abrazó el radicalismo, por lo que tras el golpe militar de 1930 terminó en penal de Ushuaia, no sólo por el hecho de ser Radical sino porque se odiaban mutuamente con Justo. Aunque sin duda alguna el gran enemigo de nuestro autor fue cierto intelectual francés, disputa que llamó la atención de Borges y de la que en “El Arte de injuriar” rescata:

“…. Empeñado en la demolición de Ricardo Rojas, ¿qué hace Groussac? Esto que copio y que todos los literatos de Buenos Aires han paladeado. Es así como, verbigracia, después de oídos con resignación, dos o tres fragmentos en prosa gerundiana de cierto mamotreto públicamente aplaudido por los que apenas lo han abierto, me considero autorizado para no seguir adelante, ateniéndome, por ahora, a los sumarios o índices de aquella copiosa historia de lo que orgánicamente nunca existió. Me refiero especialmente a la primera y más indigesta parte de la mole (ocupa tres tomos de los cuatro): balbuceos de indígenas o mestizos… Groussac, en ese buen malhumor, cumple con el más ansioso ritual del juego satírico. Simula que lo apenan los errores del adversario (después de oídos con resignación); deja entrever el espectáculo de una cólera brusca (primero la palabra mamotreto, después la mole); se vale de términos laudatorios para agredir (esa historia copiosa) en fin, juega como quien es. No comete pecados en la sintaxis, que es eficaz, pero sí en el argumento que indica. Reprobar un libro por el tamaño, insinuar que quién va a animársele a ese ladrillo y acabar profesando indiferencia por las zonceras de unos chinos y unos mulatos, parece una respuesta de compadrito, no de Groussac…”

Como es de esperar, finalmente Rojas murió (1957). ¿Tuvo este autor alguna influencia notable en la cultura nacional? Tal vez no tan notable, pero sepan que cada vez que alguien se refiera a San Martín como “el Santo de la Espada” estará haciendo uso del apelativo dado al prócer por Rojas, quien le dedicó una biografía con dicho título en 1933, base de la película homónima de 1970 y reflejada en el tango con el que me despido hoy.

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9 comentarios en “Rojas, Groussac y Borges”

  1. Andrés Says:

    No sé si conocés bien Capital Federal, pero en la Avenida Corrientes hay muchas librerías que poseen muchos ejemplares viejos de autores de los siglos XIX y principios del XX. También se puede encontrar “joyas pérdidas” así en las ferias de libros de plaza italia y del parque centenario. La librería de antigüedades más grande que vi es una que está en la Avenida Santa Fe que ahora no recuerdo el nombre, pero es gigantesca y supongo que se puede encontrar de todo.

  2. alphius22ar Says:

    Excelente, como siempre. Me encantó el homenaje de De Angelis y el autor con esa canción tango con estilo milongoón-

  3. Miguel Paschetta Says:

    Según explica Borges, el primer de los tres grandes historiadores fue Groussac.
    Explica que la “más indigesta parte de la mole (ocupa tres tomos de los cuatro): balbuceos de indígenas o mestizos… Groussac, en ese buen malhumor, cumple con el más ansioso ritual del juego satírico”.
    La pregunta es: Groussac tomó testimonios de indios y mestizos? Están transcriptos?
    Gracias!

  4. Horacio agustín Rosende Says:

    Evidentemente fue un gran hombre y su accionar fue determinante en la independencia sudamericana.
    No es un tango; es un vals…

  5. 67quijote. Says:

    mE ENCANTO, tambien luciana, pero termine de leer a mitad, me salian ampollas , que no pollas en los ojos y no pude terminar. Te pareces a sabina, incluso a serrat ¿nunca te dio por componer una cancion para quijote?

  6. Ricardo Says:

    Primera vez que leo un post tuyo. Excelente. Saludos


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