¿Qué hacemos con los gauchos?


Respecto a la realidad bárbara que tenían ante sí los hombres de la Generación del 37’  Pérez Amuchástegui, en su clásico “Mentalidades Argentinas”,  señala la existencia de dos tendencias sobre la política a seguir.  Por una parte, la de aquellos que  pretendían eliminarla sin reparar en medios ni en esfuerzos. Sarmiento, fiel a su espíritu sincericida y para satisfacción del historiador revisionista, dejó muy clara su postura en cierta carta a Mitre, tras la victoria de Pavón: “No trate de economizar la sangre de los gauchos. Este es el abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos”. Podría decir que esta desafortunada frase de Don Domingo se encuentra seguramente inspirada en la letra de La Marsellesa  (“Qu’un sang impur abreuve nos sillons!”) y es un guiño hacia la sofisticada cultura francesa, pero no todos estarían de acuerdo conmigo.

Vamos entonces a la otra postura, la de los intelectuales que consideraban europeizar lo existente, incluyendo gauchos. De ese lado de la vereda se colocó Alberdi, alentando una cruza gaucho- inmigrante y educación para todos. El tucumano, como de costumbre, tirándole un buen palo a Sarmiento escribió sobre el asunto: “…Catequizad, civilizad al gaucho, en vez de ofenderlo. El hombre de Estado que no sabe comprender y obtener eso, es un inepto…” (Alberdi, “Escritos póstumos”, tomo IX p. 13) y redondeó la idea manifestando “… no es que yo menosprecie al gaucho. Sería desdeñar a la mitad de mi país…” (Alberdi, “Escritos póstumos”, tomo VI p. 38)

Mientras tanto, Juan Manuel de Rosas ya había tomado cartas en el asunto utilizando al gaucho sin educarlo.

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13 comentarios en “¿Qué hacemos con los gauchos?”

  1. Carlos Says:

    Qué buena reflexión Luciana!!

  2. Francisco Says:

    A diferencia de los políticos modernos, Sarmiento hubiera brillado en los programas de noticias matutinos. Cualquier tema que toca lo hace siempre de una manera clara, estridente y controvertida.

    Pero, si lees su “Facundo”, te das cuenta que su postura frente al gauchaje era bastante ambigua, a pesar de la contundente frase que citas. Cuando Sarmiento describe la Argentina, que el estaba transformando, no puede dejar de escapar su admiración por el gauchaje y su modo de vida.

    En un tramo del libro describe la cultura de los gauchos, que entonces era el pueblo, y lo hace con admiración y respeto. Ese pueblo era un pueblo que amaba la música y practicaba la poesía:

    “Así, pues, en medio de la rudeza de las costumbres nacionales, estas dos artes que embellecen la vida civilizada y dan desahogo a tantas pasiones generosas, están honradas y favorecidas por las masas mismas, que ensayan su áspera musa en composiciones líricas y poéticas. El joven Echeverría residió algunos meses en la campaña en 1840, y la fama de sus versos sobre la pampa le había precedido ya; los gauchos lo rodeaban con respeto y afición, y cuando un recién venido mostraba señales de desdén hacia el cajetilla, alguno le insinuaba al oído: «Es poeta», y toda prevención hostil cesaba al oír este título privilegiado”.

    Uno ama las cosas que está destinado a destruir. El ferrocarril, la expansión de la agricultura, la educación, la campaña del desierto y mil otros factores, que Sarmiento promovió, acabaron con el gaucho y con una etapa de Argentina. El Gaucho estaba destinado a desaparecer porque era pre moderno y Argentina se modernizaba. Ese destino lo sufrieron los gauchos argentinos y brasileños, el cowboy americano, los nomades de las estepas y desiertos.

    Pero los gauchos viven en las páginas de Sarmiento y en nuestra memoria. Es extraño pero fue este bocon, cipayo y mal humorado, entre otros, los que salvó a los gauchos de un destino sin memoria


  3. Al gaucho se lo va a reivindicar cuando ya se lo haya “exterminado”, con las papeletas de conchabo y la parcelación de los campos.

    Algo que nunca sucedió con los pueblos indígenas, a los que nunca se reivindicó, tal vez porque no era necesario, tal vez porque todavía se los intenta hacer invisibles en su reclamo (con CFK no entrevistándose con la comunidad Quom).

    Por suerte tenemos “la feria de mataderos”, que nos dice recuerda qué era ser un gaucho bueno. Si, esta frase tiene mucho sentido irónico.

    Saludos

    J.

  4. DGmnz Says:

    La cultura gaucha esta en nuestras raices, la sangre de esos heroes de guerra al igual que la indiada argenta se lleva en el corazon y se hacen respetar por si solas, en cambio D. Sarmiento fue un pobre imbecil que dejo hijos naturales por donde pasara y que murio solo en un rancho en Paraguay, sin embargo por mal que me pese tambien es parte de la cultura argenta.


  5. DGmnz, la “indiada argenta” no era argenta. Era indiada. Los malones no eran inventos de la “corpo mediática”, y si no quisieron/supieron/pudieron adaptar a las nuevas condiciones imperantes, pues la responsabilidad no es de los demás sino de ellos.

    También me parece interesante cómo rebatís las ideas de Sarmiento. A ver si entendí bien lo que decís: Sarmiento la puso tupido dejando críos por ahí, y murió solo en Paraguay, ergo cualquier cosa que haya dicho son pelotudeces. ¿Vendría a ser más o menos así? Pienso que se parece bastante a Lugo, jeje.

    JL


  6. ¿Cómo se puede decir algo como ‘la indiada argentina’? Si estaban en el territorio que después de 1880 se conocerá como Argentina. No se puede pertenecer a un país que no existe, no se puede alentar a un equipo de fútbol antes de que lo creen. Eso es un error de concepto muy grave que delata la falta de lectura y estudio sobre un tema tan cercano como es la historia del país.

    ¿Gauchos héroes de guerra? ¿Estás seguro? Un héroe de guerra, o un soldado, va a la guerra, a luchar, o lo que sea, porque así lo quiere, porque eligió enrolarse o cree que es lo correcto. Y a los pocos gauchos que quedaban y mandaron a la guerra del Paraguay, no fueron por elección, era eso o ir presos o ser fusilados.

    Para terminar, se puede estar de acuerdo o no con Sarmiento, con sus ideas y lo que planteó en el país durante su presidencia, pero el insulto es la razón del que razón no tiene. Y para rebatir una idea, antes hay que conocerla, sino se queda MUY en evidencia como la Pando que cada tres palabras mete un insulto porque no es capaz de armar una frase completa.

    Recuerden que si saben leer y escribir, en parte, se lo deben a Sarmiento y la muy posterior Ley 1420 y sus sucesivas modificaciones…

    Saludos y Suerte

    José A. García

    • Andrés Says:

      Hola José. Me parece que DGmnz se refiere a la “cultura” gaucha e india, que es un concepto que excede formalismos jurídicos sobre si el estado Argentino existía o no en tal o cual territorio y época. La cultura colonial española forma parte de la “cultura argentina”, por más que en los tiempos del Virreinato del Río de la Plata no existía la actual República Argentina. Saludos.


      • Andrés, yo lo interpreto como un alegato de nacionalismo muy ingenuo que no entiende mucho de historia pero le gusta repetir teorías postuladas a principio del siglo XX. Su incapacidad para definir el pensamiento de Sarmiento sin caer en el insulto tampoco lo ayuda mucho a que se lo interprete de otra manera.

        Igualmente, acepto tu comentario y tal vez yo lo haya interpretado y respondido desde otro lado.

        Saludos

        José

  7. Andrés Says:

    Me gusta este post porque plantea un tema muy repetitivo a lo largo de la historia tanto argentina como mundial. También coincido en parte con algo que dijo Francisco sobre que “…El Gaucho estaba destinado a desaparecer porque era pre moderno y Argentina se modernizaba…”.

    La constante que yo veo que siempre se repite, es la necesidad de terminar con una cultura/mentalidad/valores/costumbres, que ya dejaron de ser compatibles con los nuevos modos y relaciones de producción. Como se sintetizó en el post de Kalipolis, dentro de las estrategias para acabar con la “cultura disfuncional” se destacan: una rápida que consiste en eliminar físicamente a sus más notorios representantes, y otra más gradual que intenta combatir los valores viejos con los valores nuevos, a través de la “educación”.

    La estrategia de eliminación física no suele tener éxito, salvo a corto plazo, o en caso de existir un estado de guerra civil entre los partidarios del antiguo y del nuevo paradigma. Este fracaso más que nada se debe a que las culturas sobreviven a las personas. Por más que se hubiera asesinado a todos los gauchos, iban a quedar vivos sus mujeres e hijos, y con ellos iban a perdurar por generaciones los valores que encarnaban, potenciados por el rencor. Muchos de los hijos y nietos de los gauchos no fueron campesinos, ni vistieron como muestran los estereotipos, pero su forma de ser “tradicional” se mantuvo, y se expresó en los distintos contextos de sus variadas nuevas formas de vida. Además, como la cultura a combatir no tiene una correspondencia lineal o exacta con la clase social oprimida, sus valores pueden sobrevivir también en elementos disconformes de las próximas generaciones de la clase social dominante.

    La estrategia de “conversión” del “bárbaro” es más realista, pero tampoco es totalmente efectiva. La educación formal, que es la herramienta principal con la que cuentan los “civilizadores”, no puede modificar las estructuras más básicas de la psiquis del niño, de las que dependen sus valores, y que son transmitidas por sus padres o tutores en los primeros años de su vida. La educación informal que también incluye lo aprendido del grupo social, ambiente, etc., es tan o más importante que lo que pueda adquirirse en la escuela o la universidad, y en muchos casos es donde se “atrinchera” la contracultura.

    También creo que en cierta medida es “natural” que exista algo de resistencia al cambio. El ser humano tiene la tendencia a aferrarse a lo conocido, y a evitar situaciones que le generen estrés. Esta postura defensiva me parece que se fue intensificando a lo largo de los años, ya que la tecnología avanza de forma geométrica (con los cambios económicos y sociales que ello implica). Cada vez hace falta mayor capacitación para producir, y es necesaria una actualización permanente. La historia se acelera. ¿Alguien puede predecir como será la vida cotidiana dentro de 20 años?. Hace 50 años, posiblemente hubiese sido más fácil hacer esa predicción. Esta incertidumbre o angustia existencial genera el deseo que el curso de los cambios se detenga. Quizás esto también explique -en parte- el auge de los movimientos apocalípticos alrededor el mundo: “quiero que haya una catástrofe así por un tiempo no pasa nada y vivo en paz”.

    La parte más interesante del tema viene con la reflexión final sobre Rosas. ¿Cómo debe analizarse los movimientos políticos argentinos que se aliaron con los gauchos (“gauchos” en sentido metafórico)?. El peronismo del siglo XX tuvo como base de sustentación a “gauchos”, es decir, personas “pre-modernas” como dijo Francisco. Sus características podrían resumirse en cierto “primitivismo” sobre algunas cuestiones: su concepto de la riqueza es lo que “se tiene” y no lo que se “puede obtener”, la autoridad está encarnada por personas y no por leyes o instituciones, no le asignan un papel importante a la capacidad del individuo para modificar al mundo sino que le otorgan al mundo un papel omnipotente sobre el destino del individuo, tienen una visión estática de las cosas, priorizan la satisfacción inmediata a la búsqueda esforzada y lenta de una satisfacción mayor, etc.

    Ahora bien, un sistema económico que pretende ponerle límites al capitalismo, ¿necesita de una “cultura atrasada” como la del “gaucho del siglo XX”?. La cuestión es complicada, pero para mí depende de que clase de sistema “anti” capitalista se trate. Un sistema económico distributivo que no piense en el largo plazo seguramente necesita de la mentalidad gaucha, pero un sistema económico distributivo que intente ser sostenible a largo plazo necesita de una mentalidad más “moderna”. Más allá de en cual de las dos categorías deba ubicarse al peronismo, podría decirse que fue más realista que Sarmiento y Alberdi. En vez de nadar en contra de la corriente de la cultura popular argentina, hizo “lo que se pudo con lo que hay”. Es como aquel niño que no quiere estudiar y su padre le dice “si estudias te dejo después ir a jugar al fútbol”. Siguiendo con la metáfora, Sarmiento hubiese querido matar al niño, y Alberdi pretendido que solamente estudie y que nunca más juegue al fútbol. La política es el arte de lo posible.

    En el caso del capitalismo más desregulado, cabe preguntarse si el propio régimen no sostiene su contracultura al generar una masa de personas disconformes que al ver frustradas sus expectativas dentro del sistema, se aferra a los viejos valores. Continuando con las metáforas, ¿qué profesor obtendrá mejores resultados: aquél que le enseñe 10 lecciones a un alumno que no tiene libros, o aquél que enseña una sola lección a un alumno que tiene libros?.

    Los “gauchos” del siglo XXI son los más polémicos, porque al ser actuales generan mayores pasiones. Pero lo dejo para otro día.


  8. …Y de esa puja nació un Artigas y un país destrás de él. =)

    Muy buenos los últimos posts, Luciana. Ultimamente no tengo mucho tiempo ni para leer ni para tuitear pero en un feriado, como hoy, es un placer gastarlo en tu blog.

    Un abrazo.


  9. Acabar con el gaucho y con el indio fue necesario para limpiar el terreno de estorbos a la inmigración europea. Las ideas europeizantes todavía habían puesto en discusión si debía seguirse con el Español o poner al Francés como idioma oficial, ya en la segunda mitad del siglo XIX. ¿Qué podían importar la indiada y el gauchaje? Un siglo y medio después, lo que no importa en la Argentina son los argentinos: son el estorbo que hay que sacar de los campos para sembrarlos de soja para los franceses y chinos, a los “cabecitas negras” hay que hacerlos migrar a las ciudades, de ellas, los blancos se van a Europa, y de Europa vendrá el aluvión migratorio que terminará haciendo usufructo del artículo 25 de la Constitución, hecho en favor de los europeos. Todo está como era entonces… La Argentina nunca fue para los que estaban, sino para los que se iban a quedar con las tierras de ellos. En realidad, nunca existió como un país consolidado para su propio pueblo, la Argentina fue y sigue siendo una irrealidad, una cosa ilusoria en la que el territorio es la sustancia y la población una circunstancia, modificable según lo que convenga.


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